Swingueando los clásicos: la música clásica y el jazz

La línea entre la música culta y la música popular es a veces muy difusa. Tanto que frecuentemente se producen mezclas y trasvases que causan regocijo en los melómanos más abiertos y espanto en los más intransigentes.

El jazz actualmente se considera por muchos música culta, pero esto no era así a principios del siglo XX, cuando los defensores de la música “seria” pensaban que:

Se arrincona a Haydn, Mozart, Boccherini o Beethoven para entronizar la música salvaje de los jazz band (Ángel Ruiz y Pablo en La Vanguardia, 12-1-1924).

De hecho, en los años 20 y 30 podemos observar dos fenómenos curiosos en torno al jazz:

Por un lado, muchos intelectuales negros del Renacimiento de Hárlem, aun conscientes de que el jazz era ya “la gran aportación del pueblo negro a la música” (Alain Locke), estaban muy preocupados por elevar este género al mismo nivel que el de la música clásica, como una muestra más, junto a la literatura y las artes plásticas, de que los negros eran capaces de alcanzar las más altas cotas de excelencia artística.

De forma parecida, algunos músicos blancos -el más representativo sería Paul Whiteman-, que también reconocían el gran valor del jazz, pensaron que incluso se podía mejorar, enriqueciéndolo con algunos elementos de la música clásica y pretendieron entonces crear una especie de jazz sinfónico u orquestal, muy exitoso en su momento pero que ha pasado a la historia con bastante mala imagen.

A su vez, la música de jazz fascinó a muchos autores clásicos consagrados e influyó en sus composiciones, como, por ejemplo, en Dmitri Shostakóvich y sus Suites para orquesta de jazz, o Igor Stravinsky y su Concierto de Ébano.

Podemos ver un divertido ejemplo del impacto que debió causar el jazz en muchos músicos clásicos en la película A Song Is Born (1948), protagonizada por Danny Kaye y algunos músicos destacados, como Benny Goodman (el clarinetista profesor Magenbruch), Louis Armstrong, Lionel Hampton o Mel Powell.

Por otro lado, también en esos años podemos detectar un movimiento crítico bastante generalizado contrario a la utilización de melodías clásicas como base de obras de jazz. Muchos consideraban que esto era una especie de profanación de la música más sagrada: la música clásica.

Estas críticas se dieron incluso entre aficionados al jazz. Así, en el nº 2 de Jazz Magazine (revista del Hot Club de Barcelona), de septiembre de 1935, el crítico Baltasar Samper escribe:

¿Qué diríamos si un pianista alterase un tema de una sonata de Beethoven, o se permitiese variarlo caprichosamente? Sería un absurdo, le tomaríamos por loco. La música que todos conocemos debe ser ejecutada tal como el autor ha dejado indicado.

Es cierto que, a partir de los años 20, los músicos de jazz, por definición sujetos a muy pocos límites formales, no dudaron en tomar prestados temas clásicos muy reconocibles para hacer versiones en clave de jazz e incluso improvisar sobre ellos.

Uno de los primeros ejemplos registrados en disco es la versión del Preludio en do sostenido menor opus 3 nº 2 de Sergei Rachmaninoff, realizada por el guitarrista de jazz Eddie Lang en 1927 (este y otros ejemplos puedes escucharlos en la lista de reproducción al final de esta entrada).

En los años 30 y 40, esta práctica se hace cada vez más frecuente: multitud de temas clásicos fueron utilizados como estándares de algunas piezas de swing completamente bailables. Probad a escuchar “Bach Goes To Town” de Benny Goodman o “Spanish Kick” de Charlie Barnet, a ver si podéis hacerlo sin mover los pies.

Mención especial en este campo merece John Kirby, que es de lejos el compositor que más hizo de este tipo de arreglos: más de 20 temas basados en conocidas melodías clásicas.

De todas las grabaciones realizadas hay que destacar también el caso de los violinistas Eddie South y Stéphane Grappelli que, con la inestimable ayuda de Django Reinhardt grabaron dos muy logradas versiones del primer movimiento del Concierto en re menor para dos violines de Bach (una de ellas con improvisación añadida).

Eddie South
Eddie South en el Café Society (foto: William Gottlieb, 1946)

Otro ejemplo divertido de adaptación jazzística de un tema clásico lo tenemos en la película citada anteriormente, en un fragmento en el que un par de limpiacristales -la pareja de cómicos, músicos y bailarines Buck and Bubbles– transforman “Anitra’s Dance” (tercer movimiento de la suite Peer Gynt de Edvard Grieg) en un boogie woogie, dando una lección magistral de improvisación al grupo de músicos “serios” que protagonizan el film.

Como estos, muchos intérpretes de jazz hacen gala de un virtuosismo inusitado en la interpretación de estos temas clásicos. Hay que tener en cuenta que a menudo tenían una sólida formación académica y que, por desgracia, los músicos negros, debido al color de su piel, muy frecuentemente se veían forzados a dedicarse al jazz ante la dificultad de hacerse un hueco en el mundo de la música clásica. Es el caso del violinista Eddie South, ya citado, o de la prodigiosa pianista Dorothy Donegan, a la que podemos admirar en este fragmento de la película Sensations of 1945:

Por supuesto, las adaptaciones de temas clásicos en clave de jazz siguieron en las décadas siguientes: Miles Davis, las adaptaciones de Bach por Jacques Loussier, The Swingle Singers. De todos ellos no nos vamos a ocupar aquí porque exceden del ámbito temporal y estilístico de este blog.

Y para terminar, como es costumbre, aquí os dejo una lista de reproducción donde podéis escuchar una completa selección de estos temas.

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