Strange fruit

En los últimos tiempos estamos asistiendo con estupor a numerosos episodios de violencia racista en diversos lugares de Estados Unidos. Estas acciones violentas, que han tenido como resultado la pérdida de vidas humanas, son ejercidas incluso por miembros de las autoridades y ponen de manifiesto la pervivencia de una sistema de discriminación racial que no se entiende cómo no está completamente erradicado de cualquier sociedad que se califique como democrática.

Estos acontecimientos hacen que gritos de protesta o de indignación escritos hace mucho tiempo sigan teniendo plena vigencia. Entre ellos, a los amantes del jazz nos viene a la cabeza inmediatamente uno: la canción “Strange Fruit”, popularizada por Billie Holiday en 1939.

Esta canción es la puesta en música de un poema escrito por Abel Meeropol en 1937. El autor que impactado al ver la fotografía del linchamiento de dos jóvenes negros, ocurrido unos años atrás. Pero creo que merece la pena contar la historia desde el principio:

En el atardecer del 7 de agosto de 1930, cuatro jóvenes negros fueron arrestados en sus casas como sospechosos de un robo, asesinato y violación, en Marion, Indiana (EEUU), una pequeña ciudad de 25.000 habitantes. Sus nombres eran J. Thomas Shipp (de 18 años), Abram S. Smith (de 19), James Cameron (de 16) y Robert Sullivan. Se les acusó de robar y disparar a un joven trabajador blanco llamado Claude Deeter y de violar a su novia Mary Ball la noche anterior.

El sheriff de Marion, Jacob Campbell, y sus hombres les llevaron a la cárcel del condado donde interrogaron a cada uno por separado hasta que obtuvieron su confesión. Por alguna razón Robert fue liberado.

En ese caluroso día de agosto, mientras Claude luchaba por su vida, las noticias de la violación de Mary se extendieron como la pólvora. La gente hablaba del tema por toda la ciudad. Llamaban a sus familiares y amigos de las ciudades y granjas cercanas. La noticia llegó incluso a pueblos a 100 millas de distancia.

El sheriff colgó la camisa ensangrentada de Claude de la ventana de la comisaría, como una bandera. Hordas de blancos cabreados comenzaron a agolparse alrededor de la prisión donde estaban detenidos los adolescentes negros.

Por la mañana temprano Claude murió. La noticia de que se estaba planeando un linchamiento se extendió por todo Indiana. Multitud de blancos estaban entrando en la ciudad por tren, automóvil y carros de caballos para asistir al espectáculo. Se calcula que la muchedumbre era de entre 10 y 15.000 personas, hombres, mujeres y niños.

Muchas familias negras huyeron a Weaver, una ciudad de población negra cercana. Otros se quedaron en Marion y se prepararon para un ataque de manifestantes blancos en sus vecindarios.

Por la tarde, la muchedumbre reclamaba al sheriff Campbell que les entregase a los chicos arrestados. Cuando se negó, varios hombres trajeron mazos de las fundiciones cercanas y rompieron la pared alrededor de la puerta de acero. El equipo de linchamiento entró en la prisión y llegó hasta las celdas pasando por las puertas que se encontraban abiertas.

Primero cogieron a Tommy. La muchedumbre lo arrastró por todo el empedrado de la calle, golpeando su cuerpo con ladrillos, barras de hierro, zapatos de tacón y tablones de madera. Alguien trajo una soga; la ataron al cuello del chico en estado semiinconsciente, le llevaron de nuevo dentro de la cárcel y le colgaron de las barras de la ventana.

Abe fue el siguiente. La multitud le golpeó y arrastró por la calle hasta uno de los grandes árboles alrededor del juzgado. Cuando los linchadores comenzaron a tirar de él hacia arriba, Abe intentó quitarse la soga del cuello. Le bajaron, le apuñalaron y le rompieron los brazos. Entonces le colgaron de nuevo.

Tres testigos describen el linchamiento:

El grupo de linchamiento trajo el cuerpo sin vida de Tommy y le colgó junto al de Abe. El fotógrafo Laurence Beitler hizo un retrato de los chicos muertos y la multitud.

Fragmento de la fotografía del linchamiento de Marion (autor: Laurence Beitler)

Entonces fueron a por Jimmy. Le golpearon duramente, le arrastraron desde la cárcel hasta la plaza. Le colocaron entre los cuerpos de Abe y de Tommy y colocaron una soga alrededor de su cuello.

De repente una voz dijo: “Llevaos a este chico. Él no tiene nada que ver con la violación ni el asesinato”. Milagrosamente, la multitud se calmó, y Jimmy fue devuelto a la prisión. Más tarde, la muchedumbre comenzó a encender fuego debajo de los dos cuerpos colgados. Los hombres del sheriff Campbell sacaron furtivamente a Jimmy de la ciudad para llevarlo a otra cárcel más segura.

Jimmy Cameron se pasó un año en prisión en espera de ser juzgado. En el juicio, Mary Ball testificó que no había sido violada después de todo. El jurado, compuesto solo por blancos, creyó la historia de Cameron. Dijo que se había ido corriendo del lugar del crimen cuando reconoció a Claude Deeter, uno de sus clientes habituales en su puesto de limpiabotas. No estaba allí cuando Deeter fue disparado.

El juez condenó a Cameron a una pena de 2 a 21 años de prisión como cómplice. Cumplió 4 años en el reformatorio estatal de Indiana antes de salir en libertad condicional.

Pero, ¿qué les sucedió a los linchadores? A pesar de la fotografía y lo que los testigos contaron al investigador Walter White poco después del suceso, nadie del pueblo reconoció a ninguno de los linchadores. Nadie fue enjuiciado por ello.

Y ¿qué le pasó a Cameron? 58 años después, en 1993, el gobernador de Indiana, Evan Bayh, perdonó oficialmente a James Cameron en una ceremonia en Marion.

(el crudo relato de los hechos no es mío, está extraído de la página web del America’s Black Holocaust Museum, fundado por el propio James Cameron, víctima superviviente de estos sucesos)

Las imágenes de la vergüenza

Los linchamientos de Marion no fueron un caso aislado. Según el Tuskegee Institute, entre 1882 y 1968, fueron linchadas 4.743 personas en los Estados Unidos, de ellos 3.446 fueron afroamericanos y 1.297 blancos. La mayor parte (más del 73%) tuvieron lugar en estados del sur, pero muchos se realizaron en estados del norte, como el que hemos relatado. La Equal Justice Initiative, eleva la cifra de afroamericanos linchados a 4.084 entre 1877 y 1950.

Tampoco eran un fenómeno aislado las fotografías de linchamientos, que incluso se imprimían y comercializaban como postales. Aunque en 1908 el servicio postal estadounidense prohibió su envío, estas postales se siguieron comercializando y enviando, eso sí, metidas en un sobre.

Una de estas esperpénticas postales cayó en las manos Abel Meeropol en 1937. Este poeta, músico y profesor judío de origen ruso, afiliado al Partido Comunista de los Estados Unidos, quedó impactado por la escena. Se trataba de la fotografía del linchamiento de Abe y Tommy en Marion siete años atrás. La fotografía no solo muestra una instantánea del crimen colectivo, sino que en ella puede apreciarse además el rostro sonriente o indiferente de sus ejecutores. Al parecer, la imagen persiguió a Meeropol durante todo el día y no le dejó dormir. Entonces escribió el poema “Bitter Fruit”, que publicó bajo el seudónimo de Lewis Allan en la revista New York Teacher y en el diario comunista New Masses.

Strange Fruit, Billie Holiday y el Café Society

Al año siguiente, Meeropol musicó el poema en la canción “Strange Fruit”, que pronto se hizo popular entre los círculos de la izquierda neoyorquina, interpretada por su propia mujer.

Southern trees bear a strange fruit/Blood on the leaves and blood at the root/Black bodies swingin’ in the Southern breeze/Strange fruit hangin’ from the poplar trees

Pastoral scene of the gallant South/The bulgin’ eyes and the twisted mouth/Scent of magnolias sweet and fresh/Then the sudden smell of burnin’ flesh

Here is a fruit for the crows to pluck/For the rain to gather/For the wind to suck/For the sun to rot/For the tree to drop/Here is a strange and bitter crop.

El tema se hizo cada vez más popular y llegó incluso a incluirse en un concierto de Laura Duncan en el Madison Square Garden en 1938. Entre el público de ese concierto estaba Robert Gordon, quien trabajaba desde hacía poco como director artístico en el Café Society. Este era un exitoso club neoyorquino, situado en  Greenwich Village, donde, desde su apertura, en 1938 actuaba una jovencita Billie Holiday de 23 años.

El Café Society tenía como lema “The Wrong Place for the Right People» y se caracterizaba por su política de no segregación de la clientela (fue uno de los primeros clubes integrados) y por una clara orientación política de izquierdas y en defensa de los derechos civiles y la no discriminación.

El caso es que Robert Gordon y Barney Josephson, propietario del club, propusieron a Billie Holiday, que incorporara “Strange Fruit” a su repertorio. Holiday dudó sobre si incluir el tema en su programa, pero sus numerosas experiencias de discriminación y racismo le hicieron decidirse por hacerlo. Su padre había muerto de neumonía el año anterior porque todos los hospitales se negaron a tratar a un negro; Billie declaró en ocasiones que cantar «Strange Fruit» le recordaba el incidente.

Tras las primera actuación, el público quedó en silencio durante unos instantes antes de romper en aplausos.

Pronto se estableció un ritual para su interpretación: Holiday solo cantaba la canción en los bises de clausura; los camareros pedían al público que guardara silencio; se bajaba la intensidad de las luces, y un único foco iluminaba la cara de la cantante, que iniciaba la actuación con los ojos cerrados. Al terminar la canción se apagaban todas las luces y cuando se volvían a encender Billie ya no estaba en el escenario.

“Strange Fruit” estuvo en el cancionero de Holiday desde entonces. La cantante propuso a su casa de discos, Columbia, hacer una grabación, pero la compañía se negó por miedo a la reacción que podría causar en las tiendas de discos del Sur, así como en su filial radiofónica, la CBS. Entonces, Holiday se lo propuso a un sello independiente dedicado al jazz más alternativo: Commodore, que aceptó el reto. Billie Holiday realizó la grabación acompañada por la banda de ocho miembros que la acompañaba habitualmente en el Café Society, dirigida por Frankie Newton. Como el productor pensó que el tema era demasiado corto, pidió al pianista Sonny White que improvisara una introducción, de casi un minuto, que es la que figura en esa grabación del 20 de abril de 1939. El disco vendió un millón de copias.

Posteriormente, al final de su carrera, en 1956, volvería a grabar el tema, esta vez para Verve, con una voz mucho más rota, en una versión más emotiva, si cabe.

“Strange Fruit” no es la única canción de protesta contra el racismo, pero sí fue la primera, al menos la primera en llegar al gran público. Es por ello que todavía se considera como un himno de la lucha por los derechos civiles y la igualdad, ámbito en el que, como decíamos, todavía queda mucho camino por recorrer.

En la lista de reproducción que vinculo a continuación encontraréis las dos versiones grabadas por Billie Holiday, así como la magnífica versión de Nina Simone y una recopilación de temas de jazz que, en un sentido amplio, podríamos calificar como «anti racistas».

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