«I ragazzi dello swing»: el swing en Italia

Desde muy joven me ha gustado la música italiana de los 50 y los 60: Rita Pavone, Gino Paoli, Nico Fidenco, ¡Adriano Celentano!… (seguramente gracias a ese hombre de música, Juan de Pablos, y su programa de Radio 3 Flor de Pasión).

Hace poco empecé a preguntarme qué música se hacía en Italia antes de aquella. ¿Se escuchaba y bailaba swing? La respuesta a esta pregunta es, por supuesto, afirmativa.

Ya se escuchaba jazz en Italia mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que el régimen fascista de Benito Mussolini, en el poder desde 1922, aparentemente simpatizaba poco con la música sincopada. Pero, además, después de la Guerra, con la liberación del país por las tropas americanas, el swing experimentó un nuevo impulso, extendiéndose hasta bien entrados los años 50.

El swing de esos años presenta unas características que lo hacen único y muy peculiar. Por un lado, el predominio de la música vocal sobre la puramente instrumental, la alternancia del repertorio con otros estilos más ligeros, como la canción tradicional o el bolero, el recurso a temas cotidianos, costumbristas, y la frecuente adición de cierto sentido del humor en las letras. Por otro lado, la característica bastante común de emplear el italiano tanto en los títulos como en las letras de las canciones. Todo ello hace que el swing italiano tenga un carácter, desde mi punto de vista, muy mediterráneo y con cierto toque naif.

Te invito a conocer un poco más de esta música en las líneas que siguen y te recomiendo que, mientras tanto, le des al play de la lista de reproducción que he confeccionado como banda sonora:

La recepción del jazz en Italia

Como he comentado, desde la “Marcha sobre Roma” en 1922, Italia estaba gobernada por el régimen fascista de Benito Mussolini. La dictadura se caracterizó, en lo artístico y lo cultural, por una postura tradicionalista, nacionalista y moralista -apoyada en general por la Iglesia Católica- frente a cualquier tipo de expresión artística.

De esta forma, desde el discurso oficial, el jazz era considerado como una música extranjera que atentaba directamente contra el orden social y familiar establecido, asociado con el consumo de alcohol y drogas, así como con la prostitución. Esta visión negativa se agudizará a finales de los años 30 -sobre todo a partir de la publicación del Manifesto della Razza en 1938 y los pactos con la Alemania nazi en 1940- momento en que el discurso fascista empieza a relacionar al jazz con negros y judíos, que usaban esta música “para corromper el alma y la moral de los arios”. Así, con la entrada en vigor de las leyes raciales, se produjo una prohibición real de la música escrita, tocada o cantada por judíos.

Pero frente a ese discurso oficial, los ritmos norteamericanos no solo eran tolerados, sino incluso promovidos -y controlados- por parte de instituciones públicas, como la radio, siempre que estuviesen debidamente «italianizados». El régimen fascista quería dar una apariencia de modernidad y para ello se sirvió tanto de la música como del cine. Llama la atención saber que Vittorio Mussolini, segundo hijo del «Duce», fue un importante productor de cine, editor de la revista Cinema, y muy implicado en la construcción del estudio de cine Cinecittà. Curiosamente, otro de sus hijos, Romano Mussolini, fue pianista de jazz después de la muerte del dictador, conocido al principio como Romano Full y con cierta popularidad a partir de los años 50.

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Giuseppe Bacci (1921-): Jazz futurista (www.fidesarte.it)

Además, el futurismo italiano, movimiento artístico vinculado con el fascismo, consideraba el jazz como parte del proceso de modernización que debía enfrentar Italia; sus ritmos sincopados, su velocidad y su relación con Norteamérica eran para estos artistas elementos positivos.

Pero si bien no hubo una prohibición real de esta nueva música, sí que se ejerció una férrea censura sobre la misma, especialmente sobre los títulos y textos de las canciones. Antes de su grabación, las letras de las canciones debían contar con la aprobación del prefecto de la circunscripción, quien lo notificaba inmediatamente al Ministerio de Cultura Popular. Esto provocó que, muy frecuentemente, los títulos de las canciones se tradujeran al italiano para evitar reparos por parte de las autoridades. “St. Louis Blues” pasó a ser “La tristezza di San Luigi”, “Tea for Two” se convirtió en “Te per due”, “Stardust» en «Polvere di stelle». En otros casos se inventa un título en italiano, aunque la canción se cante en inglés. Así, “Jeepers Creepers” pasa a ser “Ah Giulietta”, en la versión de Alberto Rabagliati. La utilización de títulos y letras en italiano será una constante incluso después de la caída del régimen. Un caso extremo es «Radames», del Quartetto Cetra, que es una versión del célebre “Mr. Paganini”, pero cuya letra no tiene nada que ver con la original.

También se traducen los nombres de algunos intérpretes extranjeros. Así, parece ser que los medios de comunicación nombraban a Louis Armstrong y Benny Goodman como Luigi Fortebraccio y Beniamino Buonuomo. No he encontrado testimonio gráfico de esto, pero no me extraña, pues en esa misma época (y hasta no hace mucho) en España se hablaba de Juan Sebastián Bach y de Ricardo Wagner.

Entre la población el jazz gozó de una creciente popularidad en este periodo, pero tuvo que acomodarse a las particularidades y gusto tanto del Estado como de la sociedad italiana. Así, el estilo imperante a partir de finales de los años 30, con gran éxito popular, es el del swing combinado con la canzonetta y la canción tradicional italiana (“Fiorin fiorello”), aderezado con letras basadas en historias cotidianas, incluso costumbristas (“Mille lire al messe”), con un toque edulcorado, romántico a veces (“Abbassa la tua radio”, “Boccuccia di rosa”), con cierto sentido del humor en otras ocasiones (“Si sono rotti i Platters”), todo ello muy acorde con el estereotipo del carácter seductor, alegre y desenfadado que se atribuye a los italianos.

Pero ello no impidió que se grabaran temas en un estilo swing “más auténtico”. Para comprobarlo basta con escuchar cualquier tema de la orquesta de Gorni Kramer, con un sonido más cercano al de las bandas de swing americanas.

La Radio

En el desarrollo del swing en Italia jugó un papel fundamental la creación en 1929 del Ente Italiano per le Audizioni Radiofoniche (EIAR), la emisora de radio pública que con el tiempo se convertiría en la RAI.

En la sede del EIAR en Turín se creó la primera orquesta «moderna», dirigida por Tito Petralia, en 1930, así como una orquesta sinfónica y coro. En 1933 se sumaron dos orquestas de música ligera: por un lado la Orchestra Cetra, dirigida primero por Petralia y desde 1936 por Pippo Barzizza; por otro la Orquesta de Baile del EIAR, dirigida por Cinico Angelini. La Orchestra Cetra era una orquesta de música «all’americana», con 18 músicos y considerada la mejor entre las grandes orquestas que tocaban jazz. En cambio, la de Cinico Angelini, era una orquesta de corte más tradicional, con una instrumentación más melódica, con sección de cuerda y apenas percusión. Estas orquestas rivalizaban frente al micrófono para acompañar a los «cantantes de la radio«, como Alberto Rabagliati, el Trio Lescano, Ernesto Bonino o Silvana Fioresi.

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Ernesto Bonino, Michele Montanari, Caterina Lescano, Silvana Fioresi, Giuditta y Sandra Lescano y Pippo Barzizza en el EIAR (Turín, 1941)

Como es lógico, la radio fue el vehículo perfecto para la difusión de la música moderna, pero, dado que se trataba de una radio pública y estaba completamente controlada por el régimen, también sirvió para silenciar a algunos intérpretes que no gozaban de la simpatía de las autoridades. Los casos más significativos son los de Gorni Kramer y Natalino Otto, de los que luego hablaremos.

Los intérpretes

Pippo Barzizza

Quizás la figura clave del swing italiano sea Pippo Barzizza (Giuseppe Barzizza), compositor, arreglista y director de orquesta. Comenzó a tocar el violín a los 17 años en las orquestas que amenizaban los cruceros entre Europa y Estados Unidos. En Nueva York entró en contacto con el jazz que se hacía en los años 20. Ya en Italia, en 1925 se incorporó a la orquesta Blue Star y pronto se puso al frente de la misma hasta su disolución en 1933. En esta orquesta se exigía a todos sus componentes que, al menos, supiesen tocar tres instrumentos. Es una pena que casi no se encuentren grabaciones de esta banda. Debían de ser magníficos.

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La orquesta Blue Star con Pippo Barzizza (tercero por la derecha)

De 1931 a 1936 realizó numerosas grabaciones al frente de diversas formaciones. Por aquel tiempo se ganó el apelativo de “el rey del jazz italiano”. En 1936 se le invitó a dirigir la Orchestra Cetra, una de las orquestas del EIAR. Barzizza continuó al frente de esta orquesta durante la Guerra y después de esta. Tampoco se encuentran disponibles muchas grabaciones de esta época, pues parece ser que muchos registros se perdieron a causa de los bombardeos durante la Guerra.

A finales de los 40 comenzó a componer bandas sonoras para el cine. Siguió muy activo en los 50, al frente de diversas orquestas, principalmente la Orchestra Moderna, con 50 integrantes.

Alberto Rabagliati

Si la paternidad del swing en Italia se la podemos atribuir a Pippo Barzziza, su rostro más reconocible fue el del cantante Alberto Rabagliati. Tras ganar un concurso lanzado por la Fox para suceder a Rodolfo Valentino (que había fallecido el año anterior), se trasladó de Milán a Hollywood. Allí probó suerte en el cine, aunque sin mucho éxito. No obstante, su estancia en Estados Unidos le permitió familiarizarse con el jazz. Después de cuatro años volvió a Italia, donde se incorporó en la orquesta Blue Star de Pippo Barzizza. Cantó luego con los Lecuona Cuban Boys, hasta que le ofrecieron la posibilidad de incorporarse a Orchestra Cetra del EIAR, dirigida también por Pippo Barzizza.

Alberto-rabagliatiEnseguida se convirtió en una celebridad de la radio italiana. Muy admirado por el público femenino, se hizo tan popular que en 1941 tenía su propio programa de radio, “Canta Rabagliati”, en el que interpretaba sus mayores éxitos. Incluso se le cita en la letra de alguna canción como “Quando canta Rabagliati” y “La famiglia canterina”.

Gozó de cierto favor por parte del régimen de Mussolini: en una época en la que se prohibía todo lo extranjero, a Rabagliati se le permitió mantener un estilo estadounidense. Incluso, se utilizó una de sus canciones, “C’è una casetta piccina (sposi)”, como himno de una campaña para el aumento de la natalidad. Su enorme fama como cantante marcó su carrera de actor: de 1940 a 1965 actuó en una veintena de películas.

Como todos los cantantes de la época, su repertorio no estaba compuesto exclusivamente de temas sincopados más o menos jazzísticos; se dedicó igualmente a otros géneros, como el tango, el bolero y la canción tradicional.

Trio Lescano

También fueron muy populares, desde mediados de los años 30 las componentes de este trío, el equivalente italiano de las Boswell o las Andrews Sisters. Se trataba las tres hermanas Lescano, nacidas en Holanda pero de origen húngaro: Alessandra, Giuditta y Caterinetta (sus nombres reales eran Alexandrina, Judik y Catherine Leschan).

trio-lescanoEn 1935 fueron fichadas por Carlo Prato, el director artístico del EIAR. Entre 1937 y 1941 fueron cantantes de la Orchestra Cetra, como Alberto Rabagliati, y a menudo cantaron junto con otros solistas como Ernesto Bonino, Enzo Aita, Maria Jottini o Silvana Fioresi.

Gozaron tanto del favor del público como del régimen. En 1942, a propuesta de Mussolini, el rey Vittorio Emanuele les concedió la nacionalidad italiana.

Hay varias curiosidades en tono a este trío. Así, por ejemplo, en 1985 Alexandra reveló que habían sido detenidas por la policía en 1942, acusadas de espionaje. Parece ser que no hay evidencia de esa detención, por lo que puede tratarse de una invención, quizás para dejar clara su desvinculación con el régimen. Por otro lado, en 1946, la hermana pequeña, Caterinetta, dejó el trío y fue sustituida por una joven cantante llamada Maria Bria, que permaneció en el grupo hasta su disolución en 1950. No obstante, dicha sustitución se mantuvo en secreto hasta 1977, cuando la propia Maria lo reveló en una entrevista televisiva.

Gorni Kramer

Otra figura fundamental del swing en Italia es el citado Gorni Kramer (cuyo nombre real era Francesco Kramer Gorni), director de orquesta, compositor, acordeonista y contrabajista. Ya tenía su propio grupo de jazz en 1933, con apenas veinte años de edad. Lideró bandas con distintos nombres: Gorni Kramer e I Tre Negri, Kramer e i suoi Solisti, Kramer e il suo Sestetto, Kramer con accompagnamento ritmico

Fue autor de centenares de canciones. Aparte de incontables instrumentales, es autor de muchos grandes éxitos vocales de la época. A pesar de ello, Gorni Kramer y su orquesta fueron ignorados por el EIAR, probablemente por tocar un jazz “más auténtico”, o probablemente por considerar que algunas de sus canciones hacían burla de destacados personajes del régimen. Así, una de sus primeras grabaciones, «Crapa pelada” (cabeza pelada), curiosa versión de «It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing)», se consideró una burla de la calvicie de «Il Duce»; otro de sus grandes éxitos, “Pippo non lo sa” se considero una burla de uno de los jerarcas del fascismo, Achille Starace, aunque al parecer hacía alusión al músico Pippo Barzizza.

Durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con el cantante Natalino Otto, otro artista prohibido en la radio, por su estilo demasiado jazzístico. En esos años inició también una larga colaboración con el Quartetto Cetra, para los que escribió diversas canciones.

Realmente la música de Gorni Kramer es la más cercana al swing americano. Era, sin duda, un gran conocedor del jazz del otro lado del Atlántico. Tiene temas que me encantan, como «Amo la penicillina» (curioso título para una canción que podría haber compuesto Benny Goodman), «Tutto pepe» o una estupenda versión de «Paswonski», un tema no muy conocido de Fats Waller.

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Gorni Kramer y Natalino Otto
Natalino Otto

Cantante, editor y productor musical, se inició como cantante y músico actuando en diferentes localidades de su región, Liguria, pero, como les ocurrió a otros músicos, hubo de emigrar, en su caso actuando en los años 30 a bordo de los trasatlánticos que viajaban entre Europa y Norteamérica. Esta experiencia le hizo conocer la música del otro lado del Atlántico, los nuevos géneros musicales del jazz y el swing.

En 1934 trabajó para una emisora radiofónica italoamericana de Nueva York. De nuevo en Italia en 1935, Otto propuso un repertorio innovador, fuertemente inspirado en la música americana, pero se encontró con la realidad italiana, en la que no se veía con buenos ojos tanta influencia extranjera, por lo que fue vetado en la radio.

Así, Natalino se centró en las grabaciones discográficas, en estrecha colaboración con la orquesta de Gorni Kramer. En poco tiempo logró conquistar al público con sus discos, llegando a ser denominado «Rey del ritmo». A lo largo de su carrera registró más de dos mil canciones. Tuvo también cierto éxito en el cine, desempeñando papeles de cantante en algunas películas. En los 50 participó en cinco ediciones del Festival de San Remo. Su mejor resultado fue un tercer puesto en el Festival de 1955. A mí me gustan especialmente algunos temas suyos en un claro estilo de jazz manouche (“A zonzo”, “Sarà l’amore”).

Ernesto Bonino

Un poco posterior en el tiempo, este cantante comenzó su carrera a finales de los años 30, haciéndose muy popular en las dos décadas siguientes. Fichado por el director artístico del EIAR, Carlo Prato, como las hermanas Lescano, pronto se convirtió en uno de los “cantantes de la radio”.

Bautizado como «Mister Swing», rivalizaba en popularidad con Natalino Otto y Alberto Rabagliati durante los años 40. En 1952 se trasladó a Estados Unidos, donde cumplió su sueño de cantar en los mejores clubes de jazz. Entre sus éxitos hay temas estupendos, llenos de swing, como “A quindici anni” o “Honki Ponk”

Quartetto Cetra

Un grupo que me encanta es este cuarteto vocal creado en 1940 y que se mantuvo activo hasta 1988. Estaba compuesto inicialmente por Felice Chiusano, Giovanni «Tata» Giacobetti, Antonio Virgilio Savona y Enrico De Angelis. Este último fue sustituido en 1947 por la cantante Lucia Mannucci.

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Inicialmente su estilo era muy similar al de los Mills Brothers, pero pronto encontraron su propio sonido: una mezcla de armonías vocales, arreglos muy cuidados, letras ingeniosas y divertidas y una puesta en escena cercana a la comedia musical. Es un grupo verdaderamente original, que logra un perfecto equilibrio entre la calidad musical y el gusto popular.

No te pierdas algunos temas suyos, como «Passeggiando per il centro», «Un bacio a mezzanotte», «Radames» (original versión de «Mr. Paganini») o «In un palco della Scala» (donde logran combinar el swing con algunas arias de ópera).

Fred Buscaglione

Por último, merece una mención especial Ferdinando «Fred» Buscaglione, cantante y actor que obtuvo su mayor reconocimiento público en los 50.

Siendo un adolescente, a finales de los años 30, ya cantaba y tocaba jazz al contrabajo en los clubes de Turín. Durante la Segunda Guerra Mundial fue encarcelado por las tropas americanas en un campo de prisioneros en Cerdeña, donde terminó tocando en la orquesta del batallón. Esto le permitió familiarizarse con los ritmos norteamericanos.

Después de la Guerra volvió a Turín, donde se integró en diversas bandas, hasta formar la suya propia, los Asternovas. A finales de los 40 ya había creado su personaje de gánster inspirado en Clark Gable y en los personajes de las novelas de Mickey Spillane. No registró sus interpretaciones hasta 1955. Su primer disco, que contenía los temas “Che bambola” y “Giacomino” vendió un millón de copias sin apenas promoción. A finales de los 50, Buscaglione ya era uno de los showmen más demandados. Aparecía en anuncios televisivos, en películas…

Desgraciadamente falleció en 1960, a los 38 años de edad, a causa de un accidente de coche con su flamante Ford Thunderbird color lila, justo delante de la Embajada de Estados Unidos en Roma, ¡qué paradoja!

Sus canciones cuentan historias de detectives, gánsteres, mujeres fatales, con ciertas dosis de ironía y sentido del humor: “Che Bambola”, “Whisky facile”, “La cambiale”, “Si sonno rotti i Platters”.

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Pero no fueron estos los únicos intérpretes que hicieron “swing italiano”. Se pueden citar otros muchos nombres que incluyeron música sincopada en su repertorio, en mayor o menor medida: Bruno Martino, el Duo Fasano, Elio Lotti, Enzo Aita, Enzo Ceragioli, Gino Latilla, Johnny Dorelli, Lelio Luttazzi, Lidia Martorana, Luciano Benevene, Maria Jottini, Marino Marini, Nella Colombo, Nicola Arigliano, Nilla Pizzi, Nunzio Rotondo, Paolo Bacilieri, Peter Van Wood, Quartetto Funaro, Silvana Fioresi, Renato Carosone, Vittorio Belleli.

Te invito a descubrirlos a través de la lista de reproducción que he creado para acompañar esta entrada. No te van a sonar como Benny Goodman, Louis Armstrong o Lionel Hampton, pero en sus canciones puedes encontrar música de alta calidad, llena de humor y sensibilidad… y con mucho swing.

Te invito también a escuchar este podcast de Animal Jazz Radio en el que Alan Moran y yo mismo hablamos un rato sobre el swing en Italia. También en Spotify:

Y una recomendación final: si te interesa el jazz en Italia, y la música italiana del siglo XX, en general, no te pierdas los fondos musicales digitalizados del Portal de la Canción Italiana.

Nota final.- Quiero agradecer a Don Otto su ayuda en la elaboración de esta entrada.

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