El swing después del swing

Se suele decir que la “era del swing” se extiende de 1935 a 1945. Ese año terminó la Segunda Guerra Mundial y marcó un cambio en los gustos musicales del público. No obstante, “el swing” siguió siendo y es todavía un elemento fundamental del jazz.

El panorama del jazz en la década que siguió al final de la guerra es sumamente interesante. Por un lado tenemos a los grandes músicos de swing que habían sido los protagonistas en la década anterior: Benny Goodman, Count Basie, Duke Ellington, Lionel Hampton, Artie Shaw… que seguían estando muy activos en el mundo de la música. Por otro, un grupo de músicos más jóvenes, que estaban experimentando con nuevas formas de hacer las cosas, el bebop, el cool… lo que marcaría el comienzo de lo que actualmente llamamos “jazz moderno”.

No obstante, esos dos mundos no estaban tan apartados como podría parecer: El bebop surgió del seno de las bandas de swing y muchos de los músicos del swing también flirtearon con el nuevo estilo, con mayor o menor éxito. Por otro lado, el swing siguió estando muy presente en los nuevos estilos que, en algunos aspectos, no supusieron tanto una revolución como una evolución dentro del jazz.

En ese sentido, Dizzy Gillespie, uno de los “inventores” del bebop, decía, refiriéndose a la banda de Earl Hines: “La gente también tiene la impresión errónea de que la música era nueva. No lo era. Esa música evolucionó de la anterior. Era la misma música básica”.

En este comentario no voy a profundizar en los orígenes del bebop o del cool, ni me quiero perder demasiado en detalles y nombres de intérpretes. Simplemente quiero invitarte a observar en qué manera ese nuevo jazz vanguardista influyó en la música que hacían los intérpretes clásicos del swing, al tiempo que buscaremos el “swing” presente en muchas de las grabaciones de los músicos del “jazz moderno”.

Por ello, antes de seguir, te invito a que le des al play de la lista de reproducción que he preparado como banda sonora de esta entrada. Son más de 8 horas de «jazz moderno» apto para lindy hoppers.

La tradición

Benny Goodman fue uno de los primeros en disolver su orquesta después de la Guerra, pero no tardó mucho en volver a formar una nueva. Siguió además tocando con pequeñas formaciones, como venía haciendo desde mediados de los años 30: en trio (con Teddy Wilson y Gene Krupa), en cuarteto (sumando a Lionel Hampton), en quinteto y en sexteto, con la colaboración fundamental del guitarrista Charlie Christian, uno de los pioneros del bebop.

Goodman-Christian
Charlie Christian y Benny Goodman

El “rey del swing” jugó un papel destacado en la transición hacia el jazz moderno con estas pequeñas formaciones o con su big band, como podemos ver en “Lullaby of the Leaves”, “Bop Hop” o “Benny’s Bop”. Aunque los solos de Goodman son claramente “de la vieja escuela”, la mezcla de swing y bebop en estos temas es muy atractiva.

Como Benny Goodman, Artie Shaw también formó pequeños combos con miembros de su propia banda a principios de los 40, especialmente los Gramercy Five. Muchos de los temas interpretados por esta formación coquetean con el bebop, como “The Grabtown Grapple” o “The Shekomeko Shuffle”.

Otro de los grandes, Count Basie, también disolvió su orquesta después de la Guerra y se mantuvo muy activo al frente de diversos conjuntos de pequeño formato, hasta que en 1952 volvió a reunir una banda de 16 miembros. Con ella grabó más de 50 discos durante los años 50 y 60. En ellos realizó nuevas versiones de sus mayores éxitos: temas como “Tickle Toe”, “Moten Swing”, “Topsy”, «Jive at Five»… Curiosamente, son estas y no las originales, las versiones que más se escuchan hoy en día. A destacar también el mítico álbum grabado con Ella Fitzgerald: Ella and Basie!, que también contiene algunas de las versiones de referencia de temas de swing y que fue grabado ¡en 1963!

Por su orquesta pasaron algunos de los músicos más influyentes del jazz moderno, como Lester Young, Clark Terry, Roy Eldridge o Howard McGhee. En esos años, Basie siguió siendo fiel a su inconfundible estilo, si bien, no dudo en añadir algunos toques de bebop a sus interpretaciones, según decía, «en la medida en que tenían sentido».

Woody Herman fue uno de los que se sintió más cómodo con el moderno bebop. Ya en 1942 encargó a Dizzy Gillespie algunos arreglos y a mediados de los 40 su orquesta se subió con energía a la nueva moda, alternando enérgicos temas de swing (muy influidos por Count Basie), con otros temas más modernos en los que utiliza un lenguaje muy cercano al bebop. Es el caso, por ejemplo, de “Igor” o la magnífica “Goosey Gander”. Además algunos miembros de su orquesta, los llamados Woody’s Boys, como Sonny Berman, Chubby Jackson, Bill Harris o Flip Phillips, al frente de sus propios grupos, jugaron un papel fundamental en el nacimiento del bebop.

Woody Herman también jugó un papel fundamental en el origen del cool. En 1947 formó una banda (su “second herd” o “segunda tropa”) con una sección de saxofones formada por Stan Getz, Zoot Sims, Herbie Steward y Serge Chaloff. Ellos serían, junto a Gerry Mulligan, Gil Evans y Lee Konitz, miembros de la orquesta de Claude Thornhill, los protagonistas de este nuevo estilo.

Otro “mecenas” del bebop fue Earl Hines, por cuya banda pasaron algunos de los mejores exponentes del género. El propio Duke Ellington dijo que «las semillas del bop estaban en el estilo de piano de Earl Hines»; “la incubadora de bop”, como la llamaría Dizzy Gillespie.

El repertorio de estas bandas a finales de los años 40 y en la década siguiente es fascinante. Composiciones más frescas, con diseños armónicos y melódicos más atrevidos, menos previsibles. Tanto los temas más clásicos como aquellos más próximos al bebop suponen un desafío para los bailarines, pues se apartan, en general, de los elementos característicos del swing de la década anterior.

Aquí podemos ver algún ejemplo coreográfico:

“Grabtown Grapple”, de Artie Shaw y los Gramercy Five, interpretado por Lee Meidan y Kevin St Laurent:

Los “modernistas”

Desde finales de los años 30, unos cuantos músicos empezaron a experimentar con una nueva forma de interpretar, dando lugar a estilos diferentes que actualmente agrupamos bajo el calificativo de “jazz moderno”: principalmente el bebop y el cool.

El bebop se representa a menudo como una reacción consciente contra el swing y la música de las big bands. Esto es parcialmente cierto, pero no podemos perder de vista que esta nueva música nace dentro del ambiente musical creado en torno al swing, concretamente, de las jam sessions que tenían lugar entre algunos de los integrantes de dichas big bands, como hemos comentado ya respecto de las orquestas de Artie Shaw, Benny Goodman o Woody Herman. Los dos lugares emblemáticos en los que se celebraban estas jams eran los clubes Minton’s Playhouse y Monroe’s Uptown House.

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Thelonious Monk, Howard McGhee, Roy Eldridge y Teddy Hill a la puerta del Minton’s Playhouse

Y es que los protagonistas del movimiento bebop comenzaron su carrera musical a mediados de los años 30, como miembros de las orquestas de swing del momento: Dizzy Gillespie pasó, entre otras, por las orquestas de Teddy Hill, Cab Calloway y Billy Eckstine. Charlie Parker formó parte de la orquesta de Jay McShann. Y ambos coincidieron en la orquesta de Earl Hines.

El bebop es un estilo caracterizado por la rapidez en la interpretación, solos inventivos y variaciones rítmicas muy dinámicas.

Entre los mayores representantes del género, aparte de los citados, están Thelonious Monk, Bud Powell, Kenny Clarke, Charles Mingus, Fats Navarro. Entre los vocalistas, aunque aquí la clasificación es más difícil, podemos citar a Betty Carter, Carmen McRae, Sarah Vaughan e incluso la versátil Ella Fitzgerald.

En estos años hay que destacar también la creciente visibilidad de instrumentistas femeninas en el mundo del jazz: Mary Lou Williams, Clora Bryant, Billie Rogers, Mary Osborne, Marjorie Hyams, Flo Dreyer o Melba Liston. Ya hemos hablado de ellas en otra entrada de este blog.

El cool surge casi al mismo tiempo que el bebop y, según algunos autores, como una variante del mismo. Sus rasgos distintivos son la mayor utilización de arreglos, el gusto por tempi más calmados, y una aparente vuelta a la sencillez ritmica, melódica y armónica, como reacción al creciente virtuosismo que predominaba en el bebop. De alguna forma supone la recuperación de algunos de los elementos del swing.

Músicos como los citados Stan Getz, Gerry Mulligan, Gil Evans, Zoot Sims, Serge Chaloff, Lee Konitz, al frente de los cuales se colocaría Miles Davis, que también participó en la revolución bop junto a Charlie Parker. Como vocalistas, Anita O’Day, Helen Merrill, Annie Ross, Sheila Jordan y June Christie serían algunas de las mejores exponentes de este estilo.

Se suele decir que el bebop supuso la desaparición de los bailarines, que esta es una música para escuchar, no para bailar. Esto no es del todo cierto, como se puede ver en uno de los escasos testimonios videográficos del baile en los años 50 de los que disponemos, The Spirit Moves, donde hay una sección dedicada al bebop (bebop lindy), aunque hay que tener en cuenta que la música no es la original de la grabación:

De hecho, aunque el bebop y los estilos posteriores no tienen como finalidad primordial servir de música para el baile, eso no significa que no se puedan bailar. Como he querido poner de manifiesto en este comentario, una gran parte del repertorio del jazz moderno en esos años tiene “swing” y es perfectamente bailable, por supuesto a solo, pero también en pareja. Hay que tener en cuenta, no obstante, que en general las estructuras rítmicas, y los diseños melódicos y armónicos no son tan previsibles como en el swing clásico, por lo que exigen una dosis adicional de habilidad y atención en el bailarín. Aquí tenéis algunos ejemplos:

“Broadway”, de Oscar Peterson, por Ksenia Parkhatskaya:

“Take Five”, de Dave Brubeck, en la magnífica versión de Joyss:

Y un tema que me encanta: «Mumbles”, de Clark Terry, en varias versiones: Ksenia Parkhatskaya y Vincenzo Fesi:

Claudia Fonte, Héctor Artal y Sonia Ortega:

Y Hot Jam Collective Troupe:

Creo que todos ellos son suficiente fuente de inspiración como para animarnos a incorporar estas músicas en nuestro repertorio habitual de escucha y baile.

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